Síntomas
• Zonas enrojecidas o inflamadas en la piel. • Heridas, erosiones o úlceras visibles. • Pérdida de escamas. • Aletas deterioradas, deshilachadas o con bordes inflamados. • Manchas blanquecinas o grisáceas sobre determinadas lesiones. • Exceso de mucosidad. • Pérdida de apetito y comportamiento apático. • Aislamiento del grupo. • Respiración acelerada cuando existe afectación branquial o enfermedad avanzada. Los síntomas varían según la bacteria implicada y la gravedad de la infección.
Causas
• Heridas producidas por peleas, golpes o elementos decorativos. • Presencia de bacterias oportunistas en el sistema acuático. • Acumulación de materia orgánica y deterioro de la calidad del agua. • Estrés por transporte, manipulación o cambios bruscos de parámetros. • Sobrepoblación y agresividad entre peces. • Infecciones parasitarias previas que dañan la piel. • Introducción de peces enfermos sin cuarentena. • Debilitamiento de las defensas del pez.
Diagnóstico
El diagnóstico comienza con la observación de lesiones visibles, como enrojecimiento, erosión de aletas, heridas o úlceras. También deben revisarse los parámetros del agua y los posibles factores de estrés. Estas manifestaciones no permiten identificar por sí solas la bacteria responsable. Cuando las lesiones son extensas, recurrentes o progresan rápidamente, un veterinario especializado puede realizar pruebas como citología, cultivo bacteriano y antibiograma para orientar el tratamiento. Es importante descartar traumatismos, infecciones parasitarias y otras enfermedades que producen lesiones similares.
Tratamiento
1. Comprobar inmediatamente amoníaco, nitritos, temperatura, pH y otros parámetros relevantes. 2. Corregir los problemas de calidad del agua y retirar residuos orgánicos. 3. Mantener una oxigenación adecuada y reducir las situaciones de estrés. 4. Separar al pez afectado en un acuario hospital cuando resulte conveniente y pueda hacerse sin causarle un estrés excesivo. 5. Valorar la extensión y evolución de las lesiones para determinar si se necesita tratamiento farmacológico. 6. Utilizar únicamente medicamentos indicados para la afección diagnosticada y compatibles con la especie. 7. Ante úlceras profundas, empeoramiento rápido o síntomas generales, consultar con un veterinario especializado en peces para valorar un tratamiento antibacteriano específico. No deben utilizarse antibióticos de forma indiscriminada ni combinar medicamentos sin indicación profesional.
Prevención
• Mantener una buena calidad del agua y una filtración biológica estable. • Realizar cambios parciales de agua y retirar restos de alimento. • Evitar la sobrepoblación. • Reducir las peleas y proporcionar refugios adecuados. • Utilizar decoración sin bordes cortantes. • Mantener una alimentación equilibrada. • Establecer cuarentena para peces nuevos. • Atender rápidamente heridas y enfermedades parasitarias. • Evitar cambios bruscos de temperatura y parámetros. • Observar periódicamente la piel, las aletas y el comportamiento de los peces.

